Friday 24 , May 2019
Automovilismo
Los niños ricos de la F1: jet privado, fiestas y pocas pruebas

Hasta Lewis Hamilton parecía ya cansado del ejemplo de un piloto que ni siquiera debió cumplir la habitual "mili" de la GP2

Por: Agencias
11-May-2019 8:34 am

Estados Unidos.- En 2016, un año antes de su debut en el Mundial, Lance Stroll dispuso de una oportunidad por la que cualquier aspirante a un asiento de la F1 habría entregado su alma al diablo. Con sólo 17 años, el piloto canadiense se lanzó a una gira con Williams para probar el FW38, el potente monoplaza con motor Mercedes que impulsaba entonces a Valtteri Bottas. Aquellos test privados, desde Malasia a Silverstone, aún se recuerdan estos días entre la tropa de la deprimida escudería británica en Montmeló. Algunos hombres de Williams no olvidan ese programa de pruebas en el que Stroll, hijo de uno de los mayores magnates de toda América, decidió cancelar varias sesiones bajo un argumento tan caprichoso como irrefutable: "No puedo ir a probar, porque tengo una fiesta en el yate de un amigo y no voy a fallarle".

Tres años después, Stroll sigue viajando por todos los puntos del planeta, aunque ahora como piloto titular de Racing Point, la estructura heredera de Force India que Lawrence, su padre, debió reflotar el pasado agosto. Stroll aún es hoy el segundo más joven de toda la parrilla, aunque a sus 20 años aún no ha encontrado el refrendo de los puntos ni el respeto de los veteranos. En Montmeló tampoco ha arrancado este año con tiento. Su accidente en la curva 9 durante los primeros entrenamientos libres provocó la bandera roja y la suspensión a falta de menos de dos minutos.

A Lance se le sigue viendo como al hijo del millonario que pudo colarse entre la elite. El niño mimado que, según cuchichean, no ha pisado jamás un avión comercial. Y es que toda la vida de Stroll en la F1, desde aquella gira de 2016 al presente Mundial, ha transcurrido sobre la moqueta de sus lujosos jets privados.

La visión de Hamilton

Hace unos meses, hasta Lewis Hamilton parecía ya cansado del ejemplo de un piloto que ni siquiera debió cumplir la habitual "mili" de la GP2 para obtener en 2017 su carné de F1. "Ya no hay gente en la parrilla que provenga de familias de la clase trabajadora", lanzó el líder de Mercedes, con una rotundidad que podría confundir al profano.

Porque, más allá de sus humildes orígenes en Stevenage, todos saben que el ahora pentacampeón jamás hubiera llegado tan lejos sin el apoyo de Ron Dennis. Igual que Flavio Briatore resultó esencial en la trayectoria de Fernando Alonso. Entonces, como ahora, el talento puro pesaba más que la noble cuna. Por eso nada pudo hacerse con Bruno Senna. Por eso, también, se han depositado tantas expectativas sobre Mick Schumacher. Y no precisamente por su nueva casa en Palma de Mallorca.

40 puntos de la Súper Licencia

Cada semana, el hijo de El Kaiser acapara la atención en la Fórmula 2, pese a que tras dos grandes premios ya haya cedido 48 puntos respecto al liderato. En el equipo Prema comparte garaje con Sean Gelael, un chaval indonesio cuyo apoyo financiero tampoco conoce limite. Sus promotores podrían comprar cualquier barbaridad al alcance. Salvo las aspiraciones de Nikita Mazepin, el último gran protagonista de esta historia.

Hijo de un millonario ruso que hizo fortuna con los fertilizantes, Mazepin jamás pasa desapercibido en su motorhome. "Lo vi de cerca en Silverstone y ese camión podía competir en glamour con el de Hamilton", comentaba recientemente uno de sus rivales. Se trata, como Stroll, de un caso extremo. Pero cuando acumule al fin los 40 puntos necesarios para la Súper Licencia, nadie duda de que dará el salto al Gran Circo.

En 2016, un año antes de su debut en el Mundial, Lance Stroll dispuso de una oportunidad por la que cualquier aspirante a un asiento de la F1 habría entregado su alma al diablo. Con sólo 17 años, el piloto canadiense se lanzó a una gira con Williams para probar el FW38, el potente monoplaza con motor Mercedes que impulsaba entonces a Valtteri Bottas. Aquellos test privados, desde Malasia a Silverstone, aún se recuerdan estos días entre la tropa de la deprimida escudería británica en Montmeló. Algunos hombres de Williams no olvidan ese programa de pruebas en el que Stroll, hijo de uno de los mayores magnates de toda América, decidió cancelar varias sesiones bajo un argumento tan caprichoso como irrefutable: "No puedo ir a probar, porque tengo una fiesta en el yate de un amigo y no voy a fallarle".

Tres años después, Stroll sigue viajando por todos los puntos del planeta, aunque ahora como piloto titular de Racing Point, la estructura heredera de Force India que Lawrence, su padre, debió reflotar el pasado agosto. Stroll aún es hoy el segundo más joven de toda la parrilla, aunque a sus 20 años aún no ha encontrado el refrendo de los puntos ni el respeto de los veteranos. En Montmeló tampoco ha arrancado este año con tiento. Su accidente en la curva 9 durante los primeros entrenamientos libres provocó la bandera roja y la suspensión a falta de menos de dos minutos.

A Lance se le sigue viendo como al hijo del millonario que pudo colarse entre la elite. El niño mimado que, según cuchichean, no ha pisado jamás un avión comercial. Y es que toda la vida de Stroll en la F1, desde aquella gira de 2016 al presente Mundial, ha transcurrido sobre la moqueta de sus lujosos jets privados.

La visión de Hamilton

Hace unos meses, hasta Lewis Hamilton parecía ya cansado del ejemplo de un piloto que ni siquiera debió cumplir la habitual "mili" de la GP2 para obtener en 2017 su carné de F1. "Ya no hay gente en la parrilla que provenga de familias de la clase trabajadora", lanzó el líder de Mercedes, con una rotundidad que podría confundir al profano.

Porque, más allá de sus humildes orígenes en Stevenage, todos saben que el ahora pentacampeón jamás hubiera llegado tan lejos sin el apoyo de Ron Dennis. Igual que Flavio Briatore resultó esencial en la trayectoria de Fernando Alonso. Entonces, como ahora, el talento puro pesaba más que la noble cuna. Por eso nada pudo hacerse con Bruno Senna. Por eso, también, se han depositado tantas expectativas sobre Mick Schumacher. Y no precisamente por su nueva casa en Palma de Mallorca.

40 puntos de la Súper Licencia

Cada semana, el hijo de El Kaiser acapara la atención en la Fórmula 2, pese a que tras dos grandes premios ya haya cedido 48 puntos respecto al liderato. En el equipo Prema comparte garaje con Sean Gelael, un chaval indonesio cuyo apoyo financiero tampoco conoce limite. Sus promotores podrían comprar cualquier barbaridad al alcance. Salvo las aspiraciones de Nikita Mazepin, el último gran protagonista de esta historia.

Hijo de un millonario ruso que hizo fortuna con los fertilizantes, Mazepin jamás pasa desapercibido en su motorhome. "Lo vi de cerca en Silverstone y ese camión podía competir en glamour con el de Hamilton", comentaba recientemente uno de sus rivales. Se trata, como Stroll, de un caso extremo. Pero cuando acumule al fin los 40 puntos necesarios para la Súper Licencia, nadie duda de que dará el salto al Gran Circo.


Con información de El Mundo




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